Recetas de cheesecake y tartas de queso para salir del clásico

Tartas de queso para todos los gustos: cremosas, esponjosas, frutales, especiadas y sin horno con recetas paso a paso de Comedera

Diferentes recetas de cheesecake

Las tartas de queso pueden cambiar completamente de textura y sabor según la técnica y los ingredientes utilizados. Crédito: Cortesía

Hay muchas más recetas de cheesecake que la clásica tarta de queso con base de galletas y frutos rojos. Cambiando el tipo de queso, la cocción, la base o simplemente el ingrediente principal puedes pasar de una tarta densa y cremosa a otra ligera como un soufflé, una versión fría con frutas tropicales o algo bastante más contundente con chocolate y dulce de leche.

Y eso es precisamente lo bueno del cheesecake: la fórmula admite bastantes cambios sin dejar de reconocerse. No hace falta reinventar la repostería cada vez que aparece un molde desmontable por la cocina.

En Comedera tenemos versiones para casi cualquier dirección que quieras tomar. Aquí hemos reunido algunas de las más diferentes entre sí para que puedas elegir por textura, sabor y ganas de encender, o no, el horno.

Antes de elegir: no todos los cheesecakes son iguales

Aunque solemos meterlos todos dentro de la misma familia, hay diferencias bastante grandes entre una tarta de queso y otra.

Algunas se hornean hasta conseguir un relleno firme pero cremoso. Otras utilizan merengue para obtener una textura ligera y aireada. También están las versiones que cuajan completamente en frío y aquellas en las que el queso comparte protagonismo con chocolate, frutas, frutos secos o especias.

Por eso, antes de escoger una receta, piensa primero en el resultado que quieres. Si buscas una cheesecake densa y clásica, empieza por Nueva York. Si prefieres algo ligero, la japonesa juega en otro terreno. Y cuando lo único que no quieres hacer es encender el horno, las versiones frías con fruta resuelven el problema bastante bien.

New York cheesecake: el punto de partida

Si quieres entender cómo es una cheesecake clásica, la New York cheesecake es un buen lugar para empezar.

Es una tarta horneada, con base de galletas y un relleno denso y cremoso en el que el queso crema tiene claramente el protagonismo. Nuestra versión incorpora además crema agria, vainilla y limón, y puede terminarse con frutos rojos.

No es precisamente la más ligera de esta selección, pero tampoco intenta serlo. Si quieres una porción de cheesecake que sepa inequívocamente a cheesecake, esta cumple con el encargo.

Chicago cheesecake: todavía más cremoso

El Chicago cheesecake pertenece a la misma familia de tartas de queso estadounidenses horneadas, pero busca una textura especialmente suave y cremosa.

Se cocina lentamente y conviene darle un buen tiempo de enfriamiento antes de cortarlo. Es una buena elección si lo que más te interesa de una tarta de queso es precisamente el relleno y prefieres sabores relativamente clásicos antes que añadir frutas, chocolate o especias.

Japanese cotton cheesecake: cuando quieres algo mucho más ligero

Después de las cheesecakes estadounidenses, el cambio de textura del japanese cotton cheesecake se nota desde el primer corte.

Esta versión japonesa incorpora claras batidas y se hornea a baño María, lo que produce una tarta alta, aireada y elástica, más cercana a un soufflé que a la densidad de una New York cheesecake.

Aquí el reto no está en añadir muchos sabores sino en conservar el aire de la mezcla. El merengue se integra con movimientos suaves y la cocción necesita más cuidado, pero el resultado es completamente distinto al de las tartas de queso occidentales más habituales.

Cheesecake de chocolate para cuando quieres algo más intenso

Hay días para limón y frutos rojos y hay días para aceptar que quieres chocolate.

Nuestro cheesecake de chocolate incorpora chocolate negro y cacao al relleno de queso crema. La base puede hacerse también con galletas de chocolate, así que aquí el sabor del cacao no queda relegado a una decoración puesta encima al final.

Funciona especialmente bien cuando buscas una tarta más intensa, pero sigue siendo importante conservar cierta acidez y una pizca de sal para que el resultado no sea simplemente una masa de azúcar, queso y chocolate.

Cheesecake de dulce de leche: cremosidad sobre cremosidad

En el cheesecake de dulce de leche, el dulce de leche entra directamente en el relleno junto al queso crema y vuelve a aparecer en la cobertura.

Es una versión bastante más dulce que una cheesecake tradicional, así que agradece pequeños contrastes. Unas nueces tostadas o una pizca de sal en la superficie ayudan mucho más que añadir otra salsa dulce porque sí.

Si te gustan las tartas de queso densas y los postres con caramelo, aquí no hay demasiado que discutir.

Churro cheesecake: dos postres metidos en el mismo molde

El churro cheesecake se aleja bastante de la tarta de queso convencional.

En lugar de la típica base de galletas, utiliza capas de masa con mantequilla, azúcar y canela alrededor de un relleno de queso crema. El resultado tiene una superficie dorada y crujiente que recuerda al sabor de los churros, con una parte central suave.

Es de esas recetas que funcionan precisamente porque no intentan esconder la mezcla de conceptos. Es churro, es cheesecake y no parece tener ningún conflicto interno al respecto.

Cheesecake de mango lassi: tropical, especiado y sin horno

Si quieres una tarta fría, el cheesecake de mango lassi es una de las combinaciones más interesantes.

Toma como referencia la bebida india de mango y yogur y lleva esos sabores a un relleno de queso crema con mango, yogur y cardamomo. En lugar de huevos y horno, utiliza gelatina para estabilizar la mezcla durante la refrigeración.

Es especialmente útil para los meses de calor, pero el cardamomo evita que termine sabiendo simplemente a “cheesecake al que le hemos puesto mango”.

Cheesecake de guanábana: una versión tropical con acidez

Otra cheesecake que no necesita horno es la cheesecake de guanábana.

La pulpa de esta fruta aporta un sabor dulce y ácido que combina especialmente bien con el queso crema. La mezcla se estabiliza en frío y conserva una textura suave, mientras que la base de galletas mantiene el contraste crujiente.

Es también una buena muestra de algo que funciona muy bien con este postre: utilizar frutas con suficiente personalidad. Fresa y frutos rojos no tienen el monopolio absoluto de las tartas de queso.

Cheesecake de sésamo negro: para cambiar completamente el sabor

El cheesecake de sésamo negro demuestra que no hace falta recurrir a fruta ni chocolate para sacar la receta del terreno habitual.

La pasta de sésamo negro aporta un sabor tostado, profundo y ligeramente parecido al de los frutos secos, además de darle al relleno su característico tono gris oscuro.

Es una combinación especialmente interesante porque el sabor lácteo del queso suaviza la intensidad del sésamo sin hacerlo desaparecer. Aquí el ingrediente diferente no está simplemente colocado encima para la foto: forma parte del relleno.

Cheesecake de yogur y miel: más suave y ligeramente ácido

Cuando quieres alejarte de los sabores más pesados, el cheesecake de yogur y miel ofrece otra posibilidad.

El yogur aporta frescura y acidez mientras la miel sustituye parte del dulzor más plano del azúcar por un sabor algo más aromático. Puedes dejarlo bastante sencillo o acompañarlo con fruta, frutos secos o una compota.

No pretende competir con el chocolate o el dulce de leche en intensidad. Y precisamente por eso tiene sentido dentro de esta lista.

Cheesecake de calabaza para jugar con las especias

La cheesecake de calabaza lleva la tarta hacia sabores más cálidos gracias al puré de calabaza, la canela y la nuez moscada.

El puré modifica también la textura del relleno y aporta humedad, mientras que las especias hacen que funcione especialmente bien cuando buscas un postre diferente para otoño o para una mesa con sabores más especiados.

¿Cheesecake al horno o sin horno?

No hay una opción mejor en términos absolutos. Las cheesecakes horneadas suelen ofrecer una textura más densa y un sabor más profundo, mientras que las versiones frías tienden a resultar suaves, frescas y especialmente prácticas cuando trabajas con frutas.

En una tarta horneada, los huevos participan en la estructura del relleno y la cocción determina buena parte de la textura final. Conviene evitar el exceso de batido y no esperar a que el centro esté completamente rígido dentro del horno: muchas cheesecakes terminan de asentarse durante el enfriamiento.

En las versiones sin horno, la firmeza suele depender de la refrigeración y de ingredientes como la gelatina. Aquí el error contrario es convertir una crema de queso en una goma perfectamente cortable. La cantidad de estabilizante debe ser suficiente para mantener la porción, no para fabricar material de oficina.

Cómo elegir una cheesecake diferente sin mezclarlo todo

Cuando quieras crear o modificar una tarta de queso, cambia primero un elemento protagonista.

Puede ser la textura, como ocurre con la Japanese cotton; el ingrediente principal, como en las versiones de chocolate o sésamo; la fruta, como mango o guanábana; o incluso la propia base, como sucede con el churro cheesecake.

Intentar meter chocolate, mango, pistacho, dulce de leche, galletas especiadas y una salsa de frutos rojos en la misma tarta probablemente no la hará seis veces mejor.

El cheesecake admite muchísimas variaciones precisamente porque la base de queso es bastante flexible. Escoge una dirección y deja que el resto de los ingredientes trabajen alrededor de ella.

Y cuando ya hayas probado las versiones más clásicas, ahí empieza la parte divertida: cambiar países, frutas, especias, bases y texturas hasta que la tarta de queso deje de parecer siempre el mismo postre con una mermelada diferente encima.

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