Cómo cocinar muslos de pollo: al horno, guisados, fritos y más

Guía para cocinar muslos de pollo sin que queden secos: horno, sartén, fritura, guisos y salsas con recetas fáciles para cada método

como cocinar muslos de pollo en casa

Los muslos de pollo se pueden preparar al horno, a la plancha, fritos o en salsa según la textura y el sabor que quieras conseguir. Crédito: Shutterstock

Los muslos de pollo se pueden cocinar al horno, a la plancha, fritos, guisados o directamente dentro de una salsa. Cada opción es igualmente bueno y al final va a depender de lo que quieras conseguir: piel crujiente, carne muy tierna o una comida rápida

El muslo de pollo es una pieza bastante agradecida. Tiene más grasa que la pechuga y soporta mejor las cocciones largas sin secarse, lo que explica por qué funciona igual de bien asado que dentro de una cazuela.

Y si has comprado una bandeja de muslos sin saber todavía qué hacer con ellos, mejor. Aquí puedes decidirlo antes de empezar a cocinar.

Qué método elegir para cocinar muslos de pollo

Una forma sencilla de decidir es esta:

Método Resultado Ideal si buscas
Horno Dorado por fuera y jugoso por dentro Cocinar sin estar pendiente de la sartén
Plancha o sartén Exterior bien dorado Una comida sencilla y con pocos ingredientes
Guisado Carne muy tierna Salsas, verduras y platos de cuchara
Frito Exterior muy crujiente Un pollo más contundente
Cocinado en salsa Jugoso y con mucho sabor Curry, champiñones, teriyaki y otras salsas

Los tiempos son orientativos porque el tamaño de las piezas puede variar bastante. La referencia realmente importante es la temperatura interior: el pollo debe alcanzar al menos 74 °C en su parte más gruesa, evitando tocar el hueso con el termómetro. Es la temperatura interna mínima recomendada por el USDA para las piezas de ave.

Muslos de pollo al horno: la opción más fácil

Si quiero cocinar varios muslos a la vez y no estar pendiente de una sartén, suelo escoger el horno. Además, es uno de los métodos que mejor aprovecha la piel: con calor suficiente termina dorada mientras la grasa protege la carne.

Puedes empezar por nuestros muslos de pollo al horno con papas, una preparación sencilla con cebolla y pimientos. Si quieres algo más aromático, los muslos de pollo al horno con limón y tomillo llevan también ajo y vino blanco.

Otra posibilidad es cubrirlos antes de hornear. En los muslos con costra de hierbas usamos mostaza, ajo, hierbas y almendras para conseguir un exterior mucho más marcado.

Un truco sencillo: seca bien la superficie con papel de cocina antes de condimentarla. Si hay demasiada humedad, el pollo empieza a cocinarse al vapor justo cuando tú estabas esperando una piel crujiente.

A la plancha o sartén cuando quieres algo sencillo

También puedes hacer los muslos en una sartén amplia o sobre una plancha. Aquí funcionan especialmente bien los muslos deshuesados, aunque también pueden cocinarse con hueso si controlas el fuego y les das tiempo suficiente.

Los muslos de pollo a la plancha con ajo y perejil son un buen ejemplo: se marinan con vino blanco, aceite, ajo y perejil y después se doran por ambos lados.

Empieza con una sartén caliente para conseguir color y después baja ligeramente el fuego. Si mantienes el máximo desde el principio hasta el final, corres el riesgo de preparar una pieza magníficamente tostada por fuera y bastante menos emocionante junto al hueso.

Guisados: para que queden especialmente tiernos

El muslo aguanta muy bien una cocción lenta dentro de caldo, vino, tomate o verduras. Primero puedes dorarlo y después terminarlo tapado, a fuego suave. Esa primera parte merece la pena: deja sabor en el fondo de la cazuela y evita ese aspecto pálido que tiene el pollo cuando pasa directamente del paquete al líquido.

Los muslos de pollo en escabeche utilizan precisamente una doble cocción: primero se doran y luego continúan a fuego lento con los líquidos y aromáticos del escabeche.

Este método es especialmente práctico cuando quieres preparar el plato con algo de antelación. Además, no exige conservar una piel crujiente; aquí lo importante es que la carne quede tierna y haya una salsa o caldo con suficiente sabor.

En salsa: probablemente donde más juego dan

Esta es la categoría en la que Comedera puede ponerse bastante pesada, porque tenemos muslos de pollo con prácticamente toda salsa que se ha cruzado por la cocina.

Para algo clásico, están los muslos de pollo en salsa de champiñones, que combinan la carne con una salsa cremosa y funcionan estupendamente con arroz o puré.

Si quieres sabores más especiados, puedes preparar muslos de pollo con coco y curry, con leche de coco, jengibre y especias.

También tienes los muslos en salsa teriyaki, con soja, mirin, sake, miel y jengibre, o unos muslos con yogur y menta si prefieres algo más fresco y cremoso.

La técnica básica sirve para casi todas: dora primero el pollo, prepara la salsa en la misma sartén y devuelve los muslos para terminar la cocción dentro de ella. Así no pierdes todo lo que ha quedado pegado al fondo, que suele ser precisamente la parte que sabe a algo.

Muslos de pollo fritos: cuando manda el crujiente

Aquí cambia el objetivo. Ya no queremos solamente cocinar el pollo sino conseguir una cobertura crujiente sin dejar seco el interior.

Los muslos de pollo fritos estilo sureño se dejan primero en una marinada de buttermilk y especias y después se pasan por un rebozado de harina y fécula de maíz. Se fríen en aceite alrededor de 170 °C, controlando la temperatura para que el exterior no se queme antes de que se cocine la carne.

Aquí sí es especialmente útil tener un termómetro. El color del rebozado puede engañar bastante; un muslo espectacularmente dorado sigue necesitando llegar a una temperatura segura en el centro.

¿Con piel o sin piel?

Para hornear y freír, normalmente prefiero conservarla. Protege la superficie y, si está bien cocinada, añade una capa crujiente que perderías retirándola.

En preparaciones con salsas cremosas o guisos puedes quitarla si quieres. Una piel que ha pasado media hora sumergida en líquido no tiene demasiadas posibilidades de seguir siendo crujiente, por mucho optimismo que pongamos.

Si la receta comienza dorando el pollo, otra opción es dejar la piel durante esa primera cocción y decidir después si quieres conservarla.

¿Hay que lavar los muslos de pollo?

No. El pollo crudo no necesita lavarse antes de cocinarlo. El USDA desaconseja lavar las aves crudas porque las salpicaduras pueden dispersar microorganismos por el fregadero, la encimera y otros alimentos. La cocción correcta es la que hace seguro el pollo.

Si hay exceso de humedad, utiliza papel de cocina y deséchalo después. Luego lava bien las manos, la tabla, el cuchillo y cualquier superficie que haya estado en contacto con el pollo crudo.

Cómo evitar que los muslos queden secos

No hay ningún truco secreto. La mayor parte del trabajo consiste en no seguir cocinándolos cuando ya están hechos.

El termómetro vuelve a ser el mejor aliado. Insértalo en la parte más gruesa de la carne, sin tocar el hueso.

También ayuda elegir el método adecuado. Si tienes tiempo, un guiso o una salsa es muy tolerante. Para conseguir piel crujiente, horno o fritura. Si buscas rapidez, mejor unos muslos deshuesados a la plancha.

Y cuando tengas ganas de cambiar, ahí sí puedes empezar a jugar con marinados, especias y salsas. Un mismo paquete de muslos puede terminar con limón y tomillo una semana, curry la siguiente y teriyaki después.

Esa es probablemente su mayor ventaja: no necesitas aprender a cocinar diez ingredientes distintos, sino aprender bien a cocinar uno y después cambiar todo lo que ocurre alrededor.

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